Se siente nada más llegar. Chiriquí es la provincia de carácter más federalista de Panamá y el orgullo por lo propio hace que su bandera está hasta en la sopa. No de una manera agresiva, sino como traducción de una fuerte identidad. La tarde de hoy sirve para hacer contactos y cuadrar los próximos días. Sin embargo, la vida ya me ha regalado un momento de optimismo y resistencia cultural.
En Casa Gallegos (la más antigua de la ciudad) me espera Milagros Sánchez, la directora de Culturama (una publicación educativa y cultural que cumple en 2009 21 años en circulación) y una referencia en la provincia en la investigación histórica. Milagros, junto a Itzel Cortés, me reciben con mucho cariño y mucha información. Estas activistas culturales se multiplican en mil actividades: publicación de libros, la edición semanal de Culturama, su versión digital, proyección de cine no comercial en su sede y en los pueblos del camino, música, recuperación de patrimonio gastronómico o del arquitectónico… Cuando alguien aguanta tanto y sigue con esta energía merece todo el reconocimiento. Estas panameñas creen en lo suyo y lo hacen con profesionalidad y conectadas al resto de movimientos sociales.
Milagros me confirma, desde su óptica, que la mayoría de luchas sociales del momento se están dando en lo mediambiental, en la pelea que se da por todo el país para evitar que el desarrollo acabe con lo desarrollado por las comunidades. Ha sido un buen comienzo en David y una lucecita de esperanza. La ciudad luce mucho más ordenada y cuidada que Santiago. El calor pega con fuerza. Mañana más, este post solo es para contarles por dónde va la ruta. Van 1,334 kilómetros y si quieren ver en el mapa la ruta pueden hacer click acá.
Chiriquí, Cultura, Tradiciones
Quizá debe ser así. Quizá es necesario que las olas que escucho de fondo suavicen la miseria del camino. Cuando trataba de alcanzar la Interamericana encaramado en el último tramo de la calle de tierra y cráteres, la rabia me estaba pudriendo y ni yo mismo entendía el por qué. ¿Qué hay de nuevo? ¿Que has visto o escuchado que no sepas ya? Seguir constatando día tras día, año tras año la injusticia y la indolencia sigue doliendo. Quizá cuando deje de doler es mejor desistir de narrar. Un baño en el Pacífico, en la interminable playa de Las Lajas purificó en la noche tanto envenenamiento.
Ayer pasé de Veraguas a Chiriquí y decidí hacerlo por la vieja carretera que antes unía al país. Pasé por Soná, pueblo crecido a la vereda del camino necesario y ahora conjunto de casas prescindible para el desarrollo. Pasé y paré en El María, hasta donde la carretera está repavimentada. Pasé por Zapotillo y por Jorones, donde me detuve un rato a conversas con los hombres adustos que esperaban el final de la misa de funeral por don Florencio. Me detuve casi dos horas en Puerto Vidal, el último caserío de Veraguas, al suroccidente de la provincia, a 4 kilómetros de la frontera: el río Tabasará.
La pobreza es de gamonal, de feudalismo roñoso y trasnochado, de finqueros (como Pipo Birci, Alberto Martinelli, Wido Martinelli o Rafael Ortiz que pagan el jornal de 7 de la mañana a 2 de la tarde a 5 dólares), de vidas al límite, de alcoholismo necesario, de desidia incomprensible.
Allí vive Valdomiro Rodríguez, pobre en cualquier definición a sus 80 años, o Severo Valdés, una fotocopia de su vecino. Allí se desahoga Lilio: “si quiere escribir un libro sobre la explotación humana este es el sitio”. Es tan vergonzante lo que veo y escucho que casi no me atrevo a tomar fotos. Sería como robar la poca dignidad que queda. El golpe es mayor al ver las hermosas casas del representante, Rubén Virgilio Ortiz, de la diputada, Danis Mireya Montemayor… (ambos panameñistas y cuñados) o la del alcalde de Las Palmas, Ovidio Barría. [vean la galería de fotos]
En el camino, entre Jorones y Puerto Vidal pude ver una gran casa de madera noble, con jardines cuidados y gacebo para el atardecer. Pregunto sobre el propietario: es del candidato a representante por el PRD Marco Augusto Castillo.
El descaro y el abandono es brutal. La carretera desde El María hasta Puerto Vidal es un hueco con algo de tierra alrededor. Las dos únicas fuentes de empleo dignas son las que provee Virgilio Athanasiadis (que paga hasta 13 dólares por día) en su camaronera y la temporada de sandía de la compañía Dos Valles, pero este año no se cultivó porque no hay pedidos de Europa.
Las cantinas, llenas desde las 11 de la mañana.
Cuando retomo el camino, ya en Chiriquí, veo los estragos del no futuro un kilómetro antes y uno después de la Cantina Natá: hombres en el camino zigzagueando en el mejor de los casos. Otro duerme en la vía. Son las 5 de la tarde.
Hago un amigo en el camino y su historia no es diferente. Reineldo lleva sin jornalear desde septiembre del año pasado y está desesperado porque cuida de su padre (amarrado a una sonda por problemas en la próstata). El triste Reineldo está feliz porque a 50 metros de su casa han instalado una antena de Digicel. “¿Y usted tiene celular hermano?”. “No mi amigo, pero dicen que eso es el progreso ¿no?”. “Si usted es de España, eso… vamos a ver ¿si México está a Poniente, usted será como de Saliente?”.
A dos kilómetros de la mínima casa de Reineldo, el gringo Chato (en realidad Chat) tiene su negocio de pesca deportiva para adinerados extranjeros. A unos cinco kilómetros, ya sobre la Intermaericana, el restaurante y marina La Islita remite a otro mundo.
De la rabia inicial, paso a la tristeza. La luna llena de esta noche no podrá compensar la injusticia sempiterna de este pinche planeta.
Desarrollo, Problemas sociales, Veraguas