Si pensáramos lo que esconde cada marca o producto que consumimos es probable que no pudiéramos comprar casi nada. Ni siquiera una rica taza de café orgánico de las tierras altas de Chiriquí. La recolección del grano es cosa de los indígenas Ngöbe-Buglé. Unos 30 mil llegan en la temporada de cosecha (unos cuatro meses) a estos lugares donde son alojados en barracas de la era del fiebre del oro y se desloman a razón de 1.5 dólares la lata (en un buen día se recogen hasta 8 latas).
El misionero José Fitzgerald, que trabaja en la zona de Soloy, en la comarca Ngöbe-Buglé. Sus palabras son contundentes. “Los que salen ganan algo de plata, los que se quedan son más pobres desde la óptica occidental pero tienen más calidad de vida desde la cosmovisión ngöbe”. El trato ha mejorado en algunos aspectos debido a la presión de los compradores internacionales y al trabajo de algunas ONG’s. Al menos, sí hay coincidencia en que el trabajo infantil se ha reducido de manera significiativa.
A 40 kilómetros de Volcán, atravesando una serpenteante carretera que vertebra un paisaje hermoso, está Río Sereno, el segundo paso fronterizo en importancia con Costa Rica y por donde pasan muchos indígenas en busca de empleo en los cafetales ‘ticos’. Samuel es satre y vende ropa en esta larga calle de pequeñas tiendas salpicadas de silenciosas familias ngöbe. Él también pertenece a esta étnia panameña pero defiende el trabajo en Costa Rica porque a este lado de la frontera los trabajadores son tratados “como animales”.
Mi recorrido por la Comarca ha sido parcial hasta ahora. En realidad, Chiriquí es parte de esa ruta por la fuerte migración indígena en busca de empleo. En los próximos días pretendo ir a Soloy y al norte de la Comarca, a Kusapín.
De momento, espero encontrarme mañana con la cultura chiricana en los actos que se celebran en Dos Ríos (Dolega) y conversar con numerosos líderes sociales que se reunirán mañana en Boquete para preparar el Foro Mesoamericano Antirepresas. Esta es la provincia para tratar el tema. Chiriquí está cosido de supuestas minirepresas que están lotficando los ríos y afectando de manera evidente a los pequeños campesinos. Pero esa… es otra historia.
Les añado un mapa del recorrido por Chiriquí
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Chiriquí, Ngöbe-Buglé, Problemas sociales
Los rincones de una ciudad son los pliegues en los que se refugian los seres anónimos que casi nunca conocemos al viajar. Cerca de David, a unos 10 kilómetros en dirección a Dolega está Waterfall. Seamos claros: la Cascada, que era como se llamaba este balneario al pie de la calle antes de que dos chicos gringos, simpáticos y mochileros, compraran el lugar y cambiaran rancho de penca por murales del nuevo siglo. Aquí he encontrado litera para descansar mis huesos estos días, buen ambiente (aunque demasiado ‘english’ para mi y alguna sorpresa. Como anoche. Al llegar vi en el bar mucha más gente de lo esperado. Tocaban los suburbanos, un grupo de rock de David que arrastró a su fanaticada y que tocaron en este espacio de fogata y mota en las perfierias ante un público revuelto de chiricanos, gringos, canadienses y salpicón de nacionalidades a razón de dólar la cerveza.
Hay movimiento en el interior, más del que se sospecha en ciudad de Panamá. Más incluso del que yo he detectado en la propia ciudad capital. Escribo ahora desde la carretera que se dirige a Volcán. Me dirijo a la frontera con Costa Rica, al norte, en Río Sereno. Espero poder contarles esta noche. Mientras tanto, les presento a los Suburbanos.
Chiriquí, fiesta, Noches