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Desplazamiento “educativo”
Posted by: paco.gomez in Comarca Ngöbe-Buglé on Febrero 24th, 2009
Soloy es un lugar especial dentro de la Comarca Ngäbe-Buglé. Quizá porque es uno de los centros de la religión Mamatata, tan influyente entre estos indígenas. O porque allí se ha generado un foco de resistencia a los megaproyectos en el Cerro Chorcha, o porque es uno de los puntos desde donde sale la diáspora ngäbe hacia Costa Rica en busca de trabajo…
Pasan cosas tan sorprendentes como el desplazamiento “educativo” que pude ver junto a la escuela pública. Con su instalación se generó un deseo de formación que arrastró a centenares de familias que vivían dispersas en las montañas a instalar unas precarias cabañas en el terreno contiguo a la escuela para que los hijos e hijas pudieran asistir. Es ahora el Barrio 2000, de donde han tratado de desalojarlos como si fueran precaristas en lugar de entender el hambre de formación que tienen, aunque la educación pública no esté diseñada para birndar oportunidades, sino “para mantenernos pobres y que trabajemos de jornaleros”.
Raúl me cuenta el enfado con los líderes ‘oficiales’, de cómo estos se han vendido al Gobierno y a las empresas y de cómo esto ha provocado que la población se organice de forma paralela alrededor del Movimiento Popular Mixto 8 de Mayo, en conmemoración de los sucesos de esa fecha en 2007, cuando indígenas y no indígenas cortaron la carretera interamericana en protesta por los proyectos impuestos y la respuesta oficial fue con antimotines y detenciones. Mientras el resto del país está en Carnaval, bebiendo y bailando sin más sentido que el de perder la consciencia (conciencia ya hay poca), acá en Soloy el ritmo es otro. Un incesante hormigueo de mujeres, hombres y niños cose los caminos de tierra y polvo. No se espantan ni cierran los ojos ante la nube de tierra que levantan los transportes públicos que empiezan a traer de vuelta en estos días a los recolectores de café que emigran a Costa Rica en busca de mejor pago y trato que el que se recibe en Panamá. Cómo las hormigas, con la plata recogida durante los cuatro meses de cosecha pasan el resto del año acá, haciendo crecer este caserío que hace 20 años apenas era un conjunto de tres casitas de madera y hoy tiene vida intensa pero sin la intensidad de una urbe. El tiempo pasa a otro ritmo. Un ritmo del que me he contagiado en los últimos días, en las últimas semanas.
Decido, al salir de Soloy, adelantar mi regreso a Ciudad de Panamá un día para evitar los trancones de la operación retorno de hoy martes. Conforme me acerco, siento un nervio extraño, una agitación que no corresponde al estado de ánimo que paseaba con orgullo. El regreso a la ciudad, aunque desolada por las ausencias del Carnaval, me recuerda el modelo de vida insostenible en el que hemos crecido los urbanitas. Los gestos me parecen más violentos, le movimiento innecesario, la acumulación: una extraña forma de perder la esencia.
Después de 20 días pongo fin a la primera fase de este proyecto. 3,704 kilómetros en carro y los otros recorridos medidos en pisadas y en millas naúticas… Llevo a penas un tercio de Panamá en Ruta y, aunque el descanso se va a agradecer, ya echo de menos las gentes y las imágenes que me han impregnado y enseñado tanto en el camino. Mi agradecimiento es profundo, mi mirada, ya es otra. Ahora toca escribir y poner orden a las sensaciones. Espero lograrlo y que ustedes lo lean cuando hayan nacido las crónicas de Veraguas, Chiriquí, Bocas del Toro y la Comarca Ngäbe-Buglé.
Gracias por haber estado por acá. El camino reinicia en abril.








