Archive for Abril, 2009

Protesta Naso en Panamá capital

31 indígenas naso de las comunidades de San San y San San Drui llegaron en la madrugada del miércoles a Panamá capital. Trajeron su protesta acá “para romper la barrera” que imponen medios y autoridades, según Eliseo Vargas.

En el día de ayer protestaron frente a la Casa de Naciones Unidas de Panamá, de donde se movieron después de ser amenazados con presencia policial y tras arrancar un compromiso de reunión con el corrdinador residente del Sistema de Naciones Unidas en Panamá. En la tarde, lograron una resolución de apoyo de la OEA (Organización de Estados Americanos) y en la noche instalaron un campamento de protesta en la Plaza Catedral, en las cercanías de la Presidencia de la República.

Esta mañana un funcionario recibió el pliego de peticiones y habló de una posible respuesta el lunes próximo. Les regalo algunas imágenes.

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Cambio de planes

Ya que viajan conmigo, debo compartir con ustedes las decisiones del camino. Ayer a última hora giré en el cruce y regresé a ciudad de Panamá. Hay razones poderosas, la urgencia de los naso, las capacidades que uno puede poner al servicio de esa realidad, lo imperioso de lo urgente.

La ruta, onanista por naturaleza, no cesa, solo se aplaza. Iré contando los días de este otro viaje que requiere de esperanza, esa esquiva palabra cargada de energía.

Siento el frenazo, pero ya saben que todos los caminos nos llevan a donde queremos llegar, aunque no sepamos dónde queda eso.

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Re-construcción

¿Cosas o personas? Para levantarse las cosas no son imprescindibles, aunque ayuden. Es el sentido de comunidad, el no saberse solos, lo que mueve más ruedas, lo que permite re-construir las vidas porque en común es más llevadero. Mujeres sin pareja que se unen  para construir entre todas; hombres que echan una mano a su vecino, algo mayor que ellos, algo más cansado; niños y niñas que cargan madera para alivianar el peso de la tarea…

Las casas de 17 inmensas familias naso fueron destruidas por palas mecánicas protegidas a su vez por hombres mecánicos -no deben ser otra cosa los policías-. Algunas, incluso, fueron enterradas en un intento de borrar la memoria y el paisaje, de sepultar las posibilidades de re-construcción. La tenacidad de un pueblo parece ser más poderosa que la maquinaria pesada que trabaja a turno.

En la casa de Avelino vivían, dormían, compartían, 14 personas. La nómina incluye a dos nietos que ya gatean en el clan. Nada quedó, excepto las ganas de seguir. La comunidad, siempre la comunidad, decidió seguir hacia delante, levantar desde los escombros. Y, ahora, Avelino está acá trabajando en esta chocita donde en línea no cabrán más de seis o siete personas durmiendo en el suelo. “Utilizaremos lo de abajo también”. Después levantará una letrina, y después otra cabaña y después otra… hasta que el mosaico familiar quede re-construido. De los enseres personales, poco pudieron salvar en los 15 minutos que las autoridades dieron para abandonar la vida y la memoria. Entre lo perdido, lo que más duele, en lo que insisten todas las familias: los cuadernos, los lapiceros y el resto de útiles escolares que ya habían comprado a sus hijos e hijas para el curso escolar que comienza este lunes.

40 de los menores no empezarán sus clases porque la escuela cayó también en la redada. El Estado tumbó lo que nunca proporcionó, ya que todas las infraestructuras “públicas” de Drui fueron levantadas a pulmón por la comunidad, otra vez la comunidad. Los que ya van a secundaria se desplazarán a Guabito, a unos 25 minutos de acá, aprovechando que es verano y que hay paso en carro. Luego, con las lluvias, el camino se vuelve un lodazal en el que ni los caballos saben plantarse con seguridad.

En mi mundo el sentido de comunidad se ha perdido. Queda, como mucho, el de familia, pero nunca tan sólido, nunca tan solidario. El individualismo carcome los cimientos de nuestras casas llenos de cosas. Pienso, en el camino, que deberíamos combinar ambos mundos… ¿será imposible disfrutar de cierta comodidad y de la ayuda que proporcionan las cosas y mantener el sentido comunitario que nos ha permitido, que nos permite, sobrevivir a tanta locura?

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Lupita

Hay algo desporporcionadamente hermoso en Lupita. En tierra de mujeres de estatura ahorrativa, ella se estira en busca de otras ramas que rozar. Su rostro tiene ángulos imposibles y su boca es una sinfonía de túneles horadados por la vida y el aislamiento. No habla naso y el español en el que sentencia es cortado y esquivo en preposiciones o cualquier elemento que la despiste de lo fundamental. Habla, quizá, como piensa: de manera contundente, sin miedos, sin temor de ser menos que los que la escuchan. Lupita ha tenido que dormir sobre la tierra en los últimos días. Eso no le ha gustado. Tampoco le gusta confundir tíos con intrusos en su peculiar semántica del afecto que convierte en familiar a quien la respeta de cerca o de lejos. Cuando Lupita se levanta, dispuesta a hablar, en la comunidad corre un rumor de espera. Aguardan verdades tan grandes como sus inmensas manos, esperan un vaivén a las ideas que los vuelva a situar en la trinchera adecuada. Hasta ahora, siempre que la he escuchado, no ha defraudado.

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Dioselinda Sheyla

La primera vez que la veo choco contra su parquedad. Está en un escenario ajeno. “La ciudad calienta mucho”. Dice que acá, en la urbe, todo está pavimentado y que el suelo arde. Quizá por eso cuando se le rompen las sandalias a 5 minutos de su comunidad, San San, saca de la chistera una carcajada monumental. Ya puede volver a caminar descalza, donde la tierra y las personas son una sola cosa y como tal se ayudan. Sheyla pasa de la sequedad y el temor, y el sueño y el cansancio, y la tristza y la incomprensión a una cierta euforia. “Los micrófonos no mordieron” en la ciudad donde ha encontrado amigos. Pero 24 horas sin arroz y plátano han superado su capacidad de aguante. Hoy, su hermano ha matado un zaino, y Sheyla corre a ahumar la carne fuerte como fuerte es su carácter. Piensa en mi y yo pienso en ella a cada bocado, en realidad, a cada respiración. Yoselín, una de sus hijas, me regala una de las sonrisas más hermosas de las que yo haya podido gozar. Se acomoda en el regazo y trata de abrazarme con unos brazos que  no alcanzan la mitad de su objetivo. Sheyla se excusa: “es demasiado cariñosa”. Yo me pregunto si demasiado y cariñosa se contradicen.

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Eustino

Eustino parece dormitar, pero su memoria es un archivo tan vivo como su resistencia. En San San nació él. En San San nacieron sus hijos y sus nietos. recuerda sí, como en 1954 apareció por primera vez la Ganadera Bocas. También como la primera ambición que amenazó su tranquilidad fue la del capataz Arauz, que cortó madera “como loco” y “se hizo millonario por lo menos”. O como en 1973 las amenazas de los empresarios los hicieron correrse hacia las lomas que hoy se deshacen como terrones de azúcar. Eustino no tiene intención a estas alturas y esas edades de volver a moverse. Su vecina pregunta casi pidiendo disculpas por no ser más radical: “¿y que pasa si acabamos a dos o tres de esos?”. Las explicaciones sobre la poca conveniencia del plan  parecen convencerla poco. “Señor, es que son demasiados años aguantándolos”.

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La siembra no cesa

 

Y llegaron los policías y las maquinas pesadas. Y tumbaron las casas, abrieron huecos en la tierra para enterralas y desaparecer física y simbólicamente el lugar donde una vez vivieron. Y cayeron gases que provocaron las lágrimas y la rabia. Los aislaron, los golpearon, los humillaron y les dieron 15 minutos para sacar de sus tambos lo poco acumulado en esta cultura no acumulativa.

Pero esta tierra es fértil y la siembra ya está dando resultados. Una decena de improvisados ranchos han servido estos días para mejorar la dormida. Ocho casitas con mejor construcción y más altura -aunque mínimas en sus dos metros por tres metros de planta- demuestran que la resistencia va en serio y que este territorio es naso.

Ayer en la tarde salí de San San Drui con la doble sensación de formar parte de la Historia y de estar fuera de ella. Dentro porque me parece fundamental esta lucha por el derecho ancestral, por poner las cosas en su sitio después de tantos siglos de injusticia… Los naso de estas comunidades permanecen unidos. Se encuentran casi todo el día bajo una carpa grande improvisada que proporciona un extraño tono azulado a todo el que ingresa en su sombra. Allá se cocina, allá se come, allá se reúnen, allá discuten y se ríen, allá se baila y, cuando hay la posibilidad, allá se ven videos de otras comunidades que mantienen luchas similares en otras latitudes panameñas y latinoamericanas.

Sin embargo, también persiste la sensación de invisibilidad, de que esto solo sea un sueño del observador y que realmente no esté aconteciendo. O que de estar ocurriendo, no sea importante.

En Drui (Drudi en naso) está el grupo más grande de víctimas del desalojo que realizó la Policía Nacional a favor de Ganadera Bocas el pasado 30 de marzo. Unas 150 personas, entre adultos y niños, recomienzan de cero y por fin comienzan a dormir algo ya que todo ha estado en calma desde el sábado 4 de abril, cuando hombres armados asalariados de la empresa dispararon en repetidas ocasiones. Aún así, en las noches, jóvenes de la comunidad hacen guardia para segurarse de que no los agarre por sorpresa algún intento de los pistoleros. La comida se reduce a un plato arroz y un poquito de pasta salpicada con poquísima salsa de tomate y sardinas para fingir proteínas. El Gobierno en su ‘generosidad’ entregó 9 días después del desalojo, 50 bolsas de comida que dan para poco.

No sienten miedo ya, aunque sí incertidumbre y una impotencia monumental al sentir la agresividad mostrada por el gobierno contra ellos y la falta de compromiso de este Estado ausente en lo importante para solventar el problema principal de esta etnia: la negativa de las autoridades centrales a reconocer legalmente la Comarca Naso Td’érdí.

“Esta lucha no es por clavos y zinc ni por comida, es por el territorio”, insisten una y otra vez en las reuniones, en las que los más ancianos recuerdan la historia oral para demostrar la ocupación ancestral de estas tierras donde Ganadera Bocas quiere cambiar personas por búfalos. “Yo ya no tengo miedo y yo ya no salgo de aquí. Yo le digo, si hay que derramar sangre, pues se derrama, pero ellos no sacan a estos indígenas”, dice pausada pero rotunda Lupita Vargas, un motor de dignidad para esta comunidad que con dificultad habla pero con claridad se expresa.

De momento, les ofrezco este adelanto y algunas fotos. Comienzo a desgranar lo escuchado y visto para regalarles esas voces y esas imágenes y que conozcan más sobre este pueblo y sobre su situación.

Yo retomo la ruta y esta tarde salgo hacia Azuero después de compartir un rato en Radio Chiriquí con Juan B. Gómez, uno de los periodistas más reputados de estas tierras.

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Vuelve la ruta

Foto tomada el pasado miércoles en la comunidad de San San. Unas 300 personas aguantan ya sin hogar, resisten con dignidad y paciencia.

Vuelvo al camino. Este mes de ciudades, de ruido, de realidad de este tipo ha sido suficiente. Comienzo por donde ya pasé. Unos días en San San y San San Drui para conocer de primera mano las condiciones de los naso que resisten allá el embate violento de la injusticia con nombre y después me reengancho por la provincia de Los Santos.

Es extraño, cuando menos, este devenir lleno de cortes y paréntesis. Cambiar de realidades como de vestimenta, mudar los anhelos como quien cambia el canal de televisión. Y así es, así es la vida: mutante y desconcertante, para lo hermoso y para lo más sucio. Espero que me acompañen. No es lo mismo viajar solo que acompañado de ustedes.

Los espero.

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Defensoría denuncia operativo contra los naso

Publicado hoy en La Prensa
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Cerca de 300 indígenas resisten acampados en el área de San San

Paco Gómez Nadal
paco@prensa.com
La Defensoría del Pueblo ha denunciado la violación del debido proceso en el desalojo de al menos 17 familias en las comunidades naso de San San, San San Drui y San San Tigra, en la provincia de Bocas del Toro. En un informe  fechado el 2 de abril, la Defensoría critica con dureza la acción de lanzamiento contra los indígenas naso ordenada por la corregidora de El Teribe, Aracelys Sánchez, y ejecutada el pasado martes 31 de marzo por unos 150 policías antimotines en la que, además fueron tumbadas unas 30 casas y construcciones comunitarias.
Tras investigar los hechos, la Defensoría considera que Sánchez no notificó a los afectados de la existencia de la orden, además de que “no tomó en consideración las consecuencias de tipo social que traía consigo llevar a cabo el lanzamiento”. Este diario fue testigo de la visita que hizo a San San la corregidora acompañada de unidades policiales y de funcionarios de Ganadera Bocas el pasado 18 de febrero. En esa ocasión, amenazó oralmente con el desalojo pero no informó de la resolución que lanzamiento que había firmado el 2 de febrero anterior. Desde entonces, abogados de organizaciones no gubernamentales trataron de conseguir la resolución. Fue imposible hasta después de la intervención del martes pasado.
La situación en el área de San San sigue siendo de tensión después de la violenta intervención policial en la que al menos ocho menores de edad tuvieron que ser trasladados a un centro médico afectados por gases lacrimógenos. El desalojo responde a un conflicto sobre estas tierras que reclama Ganadera Bocas, empresa de Mario Guardia implicada desde hace años en choques violentos con comunidades indígenas de Bocas del Toro.
“La acción fue desproporcionada. Bloquearon el camino de acceso a la comunidad, fueron muy violentos y tumbaron las casas de las familias con maquinaria de la Ganadera”. Eliseo Vargas, líder de la Fundación Naso, describe la situación como crítica y considera que este conflicto no se habría dado si el Gobierno hubiera accedido al reclamo de demarcación de la Comarca que los naso reclaman.
En el área de San San vive, además, el rey Valentín Santana, máxima autoridad naso no reconocida por el Gobierno central. Allí se acababa de terminar la construcción del Centro Cultural Naso, que fue completamente destruido en la acción policial.
Según la Defensoría, al menos 150 adultos y 65 menores de edad permanecen a la intemperie, acampados cerca del río. Los líderes naso han anunciado que no van a dejar el área y que van a defender su territorio. El jueves, jóvenes de la comunidad levantaron barricadas con las hojas de zinc de las casas destruidas en prevención de nuevas acciones violentas.
Durante la visita de La Prensa al área a mediados de febrero, uno de los líderes comunitarios, que pidió reserva del nombre, reclamaba el derecho a defenderse: “El que busca, halla. Nosotros hemos aprendido a defendernos y también sabemos que las personas valemos más que los búfalos. Ganadera quiere nuestra comunidad para hacer potreros, nosotros para desarrollarnos como pueblo”. Tanto entonces, como ahora, este diario ha tratado de comunicarse con la corregidora Sánchez, quien no ha respondido las llamadas.
Alianza para la Conservación y el Desarrollo (ACD), organización que acompaña a los naso, considera que además de haberse violado el debido proceso, en la acción se han violado derechos humanos fundamentales y se dio un “uso excesivo de la fuerza”. Tanto la comunidad como ACD han interpuesto acciones legales y han activado mecanismos internacionales de protección para evitar nuevas agresiones contra la población civil.

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