La siembra no cesa

 

Y llegaron los policías y las maquinas pesadas. Y tumbaron las casas, abrieron huecos en la tierra para enterralas y desaparecer física y simbólicamente el lugar donde una vez vivieron. Y cayeron gases que provocaron las lágrimas y la rabia. Los aislaron, los golpearon, los humillaron y les dieron 15 minutos para sacar de sus tambos lo poco acumulado en esta cultura no acumulativa.

Pero esta tierra es fértil y la siembra ya está dando resultados. Una decena de improvisados ranchos han servido estos días para mejorar la dormida. Ocho casitas con mejor construcción y más altura -aunque mínimas en sus dos metros por tres metros de planta- demuestran que la resistencia va en serio y que este territorio es naso.

Ayer en la tarde salí de San San Drui con la doble sensación de formar parte de la Historia y de estar fuera de ella. Dentro porque me parece fundamental esta lucha por el derecho ancestral, por poner las cosas en su sitio después de tantos siglos de injusticia… Los naso de estas comunidades permanecen unidos. Se encuentran casi todo el día bajo una carpa grande improvisada que proporciona un extraño tono azulado a todo el que ingresa en su sombra. Allá se cocina, allá se come, allá se reúnen, allá discuten y se ríen, allá se baila y, cuando hay la posibilidad, allá se ven videos de otras comunidades que mantienen luchas similares en otras latitudes panameñas y latinoamericanas.

Sin embargo, también persiste la sensación de invisibilidad, de que esto solo sea un sueño del observador y que realmente no esté aconteciendo. O que de estar ocurriendo, no sea importante.

En Drui (Drudi en naso) está el grupo más grande de víctimas del desalojo que realizó la Policía Nacional a favor de Ganadera Bocas el pasado 30 de marzo. Unas 150 personas, entre adultos y niños, recomienzan de cero y por fin comienzan a dormir algo ya que todo ha estado en calma desde el sábado 4 de abril, cuando hombres armados asalariados de la empresa dispararon en repetidas ocasiones. Aún así, en las noches, jóvenes de la comunidad hacen guardia para segurarse de que no los agarre por sorpresa algún intento de los pistoleros. La comida se reduce a un plato arroz y un poquito de pasta salpicada con poquísima salsa de tomate y sardinas para fingir proteínas. El Gobierno en su ‘generosidad’ entregó 9 días después del desalojo, 50 bolsas de comida que dan para poco.

No sienten miedo ya, aunque sí incertidumbre y una impotencia monumental al sentir la agresividad mostrada por el gobierno contra ellos y la falta de compromiso de este Estado ausente en lo importante para solventar el problema principal de esta etnia: la negativa de las autoridades centrales a reconocer legalmente la Comarca Naso Td’érdí.

“Esta lucha no es por clavos y zinc ni por comida, es por el territorio”, insisten una y otra vez en las reuniones, en las que los más ancianos recuerdan la historia oral para demostrar la ocupación ancestral de estas tierras donde Ganadera Bocas quiere cambiar personas por búfalos. “Yo ya no tengo miedo y yo ya no salgo de aquí. Yo le digo, si hay que derramar sangre, pues se derrama, pero ellos no sacan a estos indígenas”, dice pausada pero rotunda Lupita Vargas, un motor de dignidad para esta comunidad que con dificultad habla pero con claridad se expresa.

De momento, les ofrezco este adelanto y algunas fotos. Comienzo a desgranar lo escuchado y visto para regalarles esas voces y esas imágenes y que conozcan más sobre este pueblo y sobre su situación.

Yo retomo la ruta y esta tarde salgo hacia Azuero después de compartir un rato en Radio Chiriquí con Juan B. Gómez, uno de los periodistas más reputados de estas tierras.

  1. #1 by Baby on Abril 11th, 2009 - 1:30 PM

    Paco, podrás creer que por acá se dice que a
    los indígenas se les ha dado tierra, pero que
    quieren más… No sé en cuál película de
    ciencia-ficción ocurrió ésto.
    Bellas fotos de esas realidades que nos
    negamos a ver, no nos tocan, les sucede a otros…
    Seguimos contigo…
    Un beso

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