Archive for Abril 12th, 2009

Cambio de planes

Ya que viajan conmigo, debo compartir con ustedes las decisiones del camino. Ayer a última hora giré en el cruce y regresé a ciudad de Panamá. Hay razones poderosas, la urgencia de los naso, las capacidades que uno puede poner al servicio de esa realidad, lo imperioso de lo urgente.

La ruta, onanista por naturaleza, no cesa, solo se aplaza. Iré contando los días de este otro viaje que requiere de esperanza, esa esquiva palabra cargada de energía.

Siento el frenazo, pero ya saben que todos los caminos nos llevan a donde queremos llegar, aunque no sepamos dónde queda eso.

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Re-construcción

¿Cosas o personas? Para levantarse las cosas no son imprescindibles, aunque ayuden. Es el sentido de comunidad, el no saberse solos, lo que mueve más ruedas, lo que permite re-construir las vidas porque en común es más llevadero. Mujeres sin pareja que se unen  para construir entre todas; hombres que echan una mano a su vecino, algo mayor que ellos, algo más cansado; niños y niñas que cargan madera para alivianar el peso de la tarea…

Las casas de 17 inmensas familias naso fueron destruidas por palas mecánicas protegidas a su vez por hombres mecánicos -no deben ser otra cosa los policías-. Algunas, incluso, fueron enterradas en un intento de borrar la memoria y el paisaje, de sepultar las posibilidades de re-construcción. La tenacidad de un pueblo parece ser más poderosa que la maquinaria pesada que trabaja a turno.

En la casa de Avelino vivían, dormían, compartían, 14 personas. La nómina incluye a dos nietos que ya gatean en el clan. Nada quedó, excepto las ganas de seguir. La comunidad, siempre la comunidad, decidió seguir hacia delante, levantar desde los escombros. Y, ahora, Avelino está acá trabajando en esta chocita donde en línea no cabrán más de seis o siete personas durmiendo en el suelo. “Utilizaremos lo de abajo también”. Después levantará una letrina, y después otra cabaña y después otra… hasta que el mosaico familiar quede re-construido. De los enseres personales, poco pudieron salvar en los 15 minutos que las autoridades dieron para abandonar la vida y la memoria. Entre lo perdido, lo que más duele, en lo que insisten todas las familias: los cuadernos, los lapiceros y el resto de útiles escolares que ya habían comprado a sus hijos e hijas para el curso escolar que comienza este lunes.

40 de los menores no empezarán sus clases porque la escuela cayó también en la redada. El Estado tumbó lo que nunca proporcionó, ya que todas las infraestructuras “públicas” de Drui fueron levantadas a pulmón por la comunidad, otra vez la comunidad. Los que ya van a secundaria se desplazarán a Guabito, a unos 25 minutos de acá, aprovechando que es verano y que hay paso en carro. Luego, con las lluvias, el camino se vuelve un lodazal en el que ni los caballos saben plantarse con seguridad.

En mi mundo el sentido de comunidad se ha perdido. Queda, como mucho, el de familia, pero nunca tan sólido, nunca tan solidario. El individualismo carcome los cimientos de nuestras casas llenos de cosas. Pienso, en el camino, que deberíamos combinar ambos mundos… ¿será imposible disfrutar de cierta comodidad y de la ayuda que proporcionan las cosas y mantener el sentido comunitario que nos ha permitido, que nos permite, sobrevivir a tanta locura?

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